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Reunir una poética de lo documental desde la provincia

Aguas documentales o la densidad de ciertas aguas es tal que se puede escribir sobre ellas

Aguas documentales

Aguas documentales surge de una pregunta que ha acompañado mi trabajo durante años: ¿cómo leer un territorio cuando su historia no está escrita únicamente en los libros, sino también en la colonización y explotación de sus tierras y aguas, además de sus ruinas, sus documentos, sus hablas y sus silencios?


El poemario entiende el paisaje como un archivo vivo. En sus páginas convergen documentos históricos, registros administrativos, cartografías, memorias locales, oralidades rurales y costeras, fragmentos del discurso político y burocrático, junto a una escritura lírica que no busca ilustrar esos materiales, sino hacer visibles las tensiones que los atraviesan. El territorio deja de ser escenario para convertirse en texto que dialoga con mis textos (mi escritura y mis lecturas).


Sin adscribirse estrictamente a la tradición de la poesía documental, Aguas documentales dialoga con ella para desplazar sus procedimientos hacia una investigación poética situada en la Región del Maule. Allí, la memoria y el olvido, la historia y el mito, la geografía y el lenguaje se entrecruzan en una cartografía donde cada desplazamiento físico es también un desplazamiento simbólico.


Más que un itinerario ferroviario, el ramal aparece como un dispositivo de lectura del territorio, donde cada estación revela capas superpuestas de memoria, transformaciones del paisaje y formas de vida amenazadas por el olvido. El viaje se convierte así en un ejercicio de lectura y reescritura del espacio.


En términos formales, el libro intersecta registros heterogéneos: el lenguaje técnico de los documentos, la retórica institucional, el habla popular, la toponimia, la crónica, la imagen y el verso fragmentario. Esa diversidad de voces no busca reproducir la realidad, sino revelar las operaciones mediante las cuales una comunidad construye, pierde o transforma su memoria.


Más que documentar un territorio, Aguas documentales propone leer sus huellas. Entiende la poesía como una forma de conocimiento capaz de devolver espesor simbólico a aquello que la historia oficial, la burocracia o la costumbre han reducido a información, paisaje o archivo.


La publicación de Aguas documentales por DAS KAPITAL EDICIONES constituye un hito en el desarrollo de esta investigación poética y me honra particularmente ya que el libro pasa a formar parte de un catálogo que, desde hace años, ha construido una de las propuestas editoriales más consistentes de la poesía chilena contemporánea, articulando traducciones, reediciones y obras de autores cuya escritura explora las relaciones entre lenguaje, territorio, memoria, política y experimentación formal.


En esa colección conviven títulos como la Antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Sin decir nada, de Ishikawa Takuboku (Curatoriado por Claudio Bertoni) Inquietud, de Kenneth Goldsmith; Fanon City Meu, de Jaime Luis Huenún; El arado de cinco dedos y otros textos, de Alfonso Alcalde, junto a libros de Ernesto González Barnert, Andrés Kalawski, Eduardo Serrano, Miguel Vicuña Navarro, Natalia Figueroa y otros poetas contemporáneos.


La incorporación de Aguas documentales a este catálogo no solo representa un reconocimiento editorial, sino también la inscripción de este trabajo en una tradición poética que entiende el territorio como un espacio de lectura crítica, donde el paisaje, el archivo, la memoria y el lenguaje constituyen formas complementarias de conocimiento.


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