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Desnudar la aristocracia con un clásico en nuevos formatos escénicos

La fusión entre realidad y ficción como un experimento social

Explorar en la siempre vigente crítica de Strindberg.

Explorar en la siempre vigente crítica de Strindberg.

Inspirado en Miss Julie, de Strindber, con este trabajo exploramos nuevos formatos. #Julia fue una experiencia de teatro inmersivo con un formato de lo que genéricamente se ha llamado microteatro o escena doméstica. El punto de partida de la puesta en escena y de la dramaturgia estaba inspirado en la experiencia vivida en Evento Segreto, desarrollado en Milán.


La propuesta invitaba al público a la supuesta inauguración de un exclusivo centro cultural, donde convivían una exposición fotográfica, una pintora trabajando en vivo, gastronomía, anfitriones, fotógrafos y camarógrafos que reforzaban la ilusión de asistir a un acontecimiento social auténtico, digno de páginas sociales


Sin previo aviso, ese entorno cotidiano se transformaba en una versión contemporánea de La señorita Julia, de August Strindberg. La ficción emergía desde el interior del propio evento. Sin previo aviso, la discusión entre las protagonistas comenzaba como un incidente aparentemente real en el salón principal y, a medida que aumentaba la tensión, se desplazaba hacia la cocina.


El diseño arquitectónico del espacio permitía que los asistentes, movidos únicamente por la curiosidad y bajo el pretexto de servirse un bocadillo o una copa (bar y mesón de degustaciones se pusieron estratégicamente en la cocina), fueran siguiendo espontáneamente el conflicto. De este modo, la obra reproducía el mismo dispositivo dramatúrgico del texto original: el espacio doméstico se convertía en escenario del enfrentamiento y el público pasaba de observador casual a testigo directo de la intimidad de los personajes.


En ese recorrido se reconstruían escenas emblemáticas de la obra, como aquella en que Julia obliga a besar su bota, revelando la persistencia de las relaciones de dominación descritas por Strindberg. La diferencia era que el antiguo temor al escándalo y a la pérdida del honor se trasladaba al siglo XXI mediante la irrupción del hashtag #Julia, donde la condena social dejaba de pertenecer a un círculo privado, como en el original, para convertirse en exposición pública y viral.


Más que una adaptación, #Julia fue una relectura dramatúrgica que utilizó el engaño, la participación involuntaria del público y la fusión entre realidad y ficción como un experimento social destinado a demostrar la plena vigencia de los mecanismos de poder, clase y juicio público presentes en la obra de Strindberg.


Quizás uno de los momentos más potentes, es cuando se le anuncia a los asistentes que acaban de presenciar una adaptación de la obra La Señorita Julia y se produjo una interacción de las más ricas que pudimos tener como colectivo teatral y público.



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