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Construir una Animita Milagrosa en New York

El recuerdo conserva una historia; la restitución devuelve la presencia.

La intervención, parte del proyecto de investigación y creación Poesía Documental, fue desarrollado con el apoyo del Fondo Nacional del Libro y la Lectura (2018), como una exploración que investiga las relaciones entre memoria, territorio, documento y representación artística.

La intervención, parte del proyecto de investigación y creación Poesía Documental, fue desarrollado con el apoyo del Fondo Nacional del Libro y la Lectura (2018), como una exploración que investiga las relaciones entre memoria, territorio, documento y representación artística.

La instalación de una animita milagrosa en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York formó parte del proyecto de investigación y creación Poesía Documental, TRIPLE X desarrollado con el apoyo del Fondo Nacional del Libro y la Lectura (2018), una exploración que investiga las relaciones entre memoria, territorio, documento y representación artística.


La acción consiste en el pliegue ritualizado de un ejemplar de Untitled (Death by Gun) (1990), de Félix González Torres, donde el artista transforma un reportaje periodístico sobre 460 personas asesinadas por armas de fuego en Estados Unidos en una pieza de circulación infinita: una pila de impresos que el público puede tomar y llevar consigo.

La presencia de esta obra de González Torres en mi performance constituye una referencia consciente a su investigación artística. No busca reproducir ni reinterpretar su pieza, sino situar mi gesto en conversación con las preguntas que atraviesan su trabajo: la memoria, la ausencia, la participación y la dimensión ética del arte. Más que apropiarse de una imagen, la acción comparte un mismo horizonte de reflexión.


Mediante el gesto de diagramar, imprimir y distribuir la información desde el espacio artístico, esta deja de ser una estadística para convertirse en un ejercicio de memoria compartida, donde cada hoja retirada por los asistentes prolonga la presencia de las víctimas más allá del espacio expositivo.


El correlato con Triple X no reside en una cita formal, sino en una afinidad ética. Ambas obras convierten el documento en materia artística para devolver presencia a quienes fueron reducidos por la historia a un expediente, una noticia o un registro estadístico. Mientras González-Torres confronta la naturalización de la muerte por armas de fuego mediante la circulación pública de los rostros y las historias de sus víctimas, Triple X desplaza esa misma operación hacia las víctimas de la violencia política en Chile.


En ambos casos, el arte deja de limitarse al ejercicio de la memoria para asumir una función de restitución. La diferencia es decisiva: recordar puede ser un acto privado; restituir implica devolver un lugar, una voz y una dignidad a quienes fueron despojados de ellas. Desde esa perspectiva, la animita adquiere un valor que excede lo simbólico. Como expresión de religiosidad popular, constituye un espacio ritual donde la memoria no solo se conserva, sino que vuelve a conferir presencia y reconocimiento a quienes fueron arrancados del relato colectivo.


Además se establece un diálogo directo con la dimensión ética de Triple X. En la obra de González-Torres, el público puede llevarse gratuitamente un ejemplar impreso de la pieza, haciendo de su circulación una parte constitutiva del trabajo. El gesto desplaza el valor de la obra desde el objeto hacia la experiencia compartida y cuestiona la lógica del arte como mercancía. Triple X prolonga esa misma operación desde otro contexto: el texto poético permanece íntegramente disponible en este sitio web para su lectura libre y gratuita.


En ambos casos, la liberación de la obra no constituye una estrategia de difusión, sino una toma de posición ética. Cuando el arte nace del dolor, de la violencia y de la memoria de las víctimas, su sentido no reside en restringir el acceso, sino en hacer posible que esa memoria circule, se comparta y permanezca viva más allá de los espacios tradicionales del arte.


Esta experiencia reafirmó una convicción que atraviesa mi trabajo: el arte documental no se limita a registrar los hechos, sino que puede revelar aquello que la historia oficial, las instituciones o la memoria dominante dejan fuera del relato. Desde entonces, esa búsqueda ha seguido desarrollándose en proyectos literarios, escénicos y audiovisuales.


fragmento del registro audiovisual.


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