top of page

La creatividad en tiempos del Coronavirus

Si bien la creatividad se activa con la curiosidad, el sentido estético y el ingenio lúdico, no es menos cierto que también asoma con la sensación de inconformidad, en cualquier grado, desde un desagrado visual doméstico hasta el apremiante imperativo de supervivencia, el que hoy aparece con magnitudes de las que no teníamos conciencia.


Una vez más la presencia de una microscópica partícula, como en otras tantas pestes en la historia de la humanidad, nos viene a poner en el sitio que nos corresponde ante la vastedad del universo. Una vez más, la carencia, el miedo a lo desconocido nos pone ante el desafío de crear o morir.


Un microscópico virus convierte al mundo en la macro aldea global (Mcluhan)

La creatividad es como un músculo, como un órgano que se ejercita y se vuelve más apto para responder a un estímulo que a otro, está ahí como un "virus" que se puede replicar en distintas áreas y necesidades de nuestras vidas. A propósito, se dice que Einstein afirmó que en épocas de crisis, la imaginación nos sostiene más que el conocimiento, pero vivir esto requiere valor. Quienes transitamos por el rubro de las artes sabemos (por experiencia y conocimientos ancestrales transmitidos de generación en generación), que crear puede llevarnos a zonas peligrosas.

Mucho del capital cultural de los artistas consiste en esa sabiduría de comprender que los procesos creativos quizás no nos matan, pero nos hacen más fuertes a costa de transitar por lugares que no hubiésemos querido pisar, sabemos que crear es una acto de valentía, de honestidad. Crear se trata de superarnos a nosotros mismos, de competir con la última obra que hayamos hecho. Crear nos expone a la fragilidad y a la finitud. Quien se dedica a la creación artística sabe que su obra termina cuando otro la recibe, que hay una suerte de crianza en la obra que acaba el día en que ella camina por si sola en el placer estético de quienes la reciben y le dicen: esto es Arte.


Por otra parte, todos sabemos que ojalá todo el despliegue de creatividad que se utiliza a diario en la sociedad fuera para militar desde la belleza con una sonrisa; pero, son tantas o más las veces en que hemos visto la creatividad al servicio de nefastas y mezquinas batallas. Es que creatividad y generosidad son vagones que no corren por los mismos rieles. Sabemos que en demasiadas ocasiones toman bifurcaciones opuestas, pero también nos consta que a veces se cruzan y van paralelas.

"Flats" Collage con fotografías de edificios japoneses. La vida en menos de 40 metros cuadrados, el confinamiento permanente como modo de vida de la sociedad contemporánea.

Estas afirmaciones que parecen obvias y como de manual de autoayuda, hoy cobran más vigencia que nunca. Es más, las vemos ratificadas por el florecimiento espontáneo de soluciones a veces inauditas, por ejemplo, para satisfacer las demandas de insumos clínicos en un mundo cuya organización sanitaria parece desmoronarse. Por lo mismo, es lamentable que por estos días, cuando más necesitamos de la creatividad de todos los poderosos para actuar en nuestro favor, al parecer la despliegan para establecer argucias políticas y artimañas jurídicas que aumentan la sensación de inseguridad ¿Dónde está la reunión de coordinación de los presidentes más importantes del planeta? ¿Dónde la agenda de seguridad laboral por parte de los grandes consorcios? ¿No es escandaloso que legislaciones y capitales lleven a millones de seres a optar entre su salud, sus vidas, o sus trabajos?

Ante lo que nos parecía imposible, las imágenes de las avenidas de las grandes urbes desiertas (como en esas películas de catástrofes que siempre comienzan cuando un gobierno niega validez a lo que dicen algunos científicos), la humanidad reclama por soluciones que no solo son farmacéuticas. No podemos vivir a la expectativa de los resultados de la guerra económica detrás de la industria farmacológica. No hay sociedad que resista la presión de sentirse a la deriva y huérfana de líderes.

El arte nos recuerda que alguien sobrevivió para retratar la catástrofe. “El triunfo de la muerte” de Bruegel el Viejo (Museo Nacional del Prado).

Las crisis como la que estamos viviendo son multisistémicas, no son solamente cuestiones sanitarias; son económicas, políticas, culturales. Situaciones como esta nos demuestran que de verdad todo está conectado. Por una decisión egoísta sucumben millones de esperanzas; pero por un acto generoso, reviven muchas más. No ejercer el poder de manera creativa, innovadora ante una situación tan nueva como una pandemia donde el mundo adquiere las dimensiones de una pantalla en las manos, no solo es mediocre y ramplón, sino un acto de mezquindad rayano en la criminalidad.

Con mayor o menor responsabilidad, de acuerdo al puesto que cada uno ocupa en la sociedad, desde los más poderosos a los más desprotegidos: todos podemos hacer algo para ayudar, todos podemos hacer algo nuevo para detener la propagación de un ente tan impredecible como la vida misma: un virus, que no es más que una molécula oportunista, que no tiene moral, por lo tanto no pretende ser ni peor ni mejor persona, si no que solo sobrevivir. Quizás ahí y solo ahí quepa esa metáfora: Toda la naturaleza quiere sobrevivir según puede. Quizás en ese plano de las comparaciones, cabe preguntarse cómo queremos sobrevivir, no solo a esta crisis, sino como especie a bordo de esta pequeña esfera flotando en la infinitud del espacio: ¿repitiendo los errores que nos han llevado a especular con la vida, salud y trabajo de millones de seres humanos o creando una nueva forma de relacionarnos?

Nos cuesta captar la figura de una genio como Leonardo, capaz de imaginar sanguinarias máquinas de guerra, pero al mismo tiempo creador que alcanza momentos cumbres del arte. La creatividad toma caminos que no siempre son los más éticos.

Lamentablemente, como se ha dicho siempre, en situaciones como estas aparece lo mejor y lo peor de ese animal asustado que es un humano acosado por la muerte. Son momentos en que necesitamos líderes proactivos, genios creativos, maestros iluminados, así como la cooperación y solidaridad de cada ciudadano. Negar que estamos ante un momento crucial como humanidad, que requiere todo el potencial creativo de todos, es frenar soluciones prontas y de maneras quizás insólitas, porque eso aporta la creatividad o pensamiento alternativo: la apertura a la solución inesperada, el cuestionamiento de paradigmas, la observación de la realidad de otra forma, facilitando el descubrimiento de las respuestas a la peor epidemia: el egoísmo de la avaricia.

En demasiadas ocasiones los descubrimiento no son más que ver algo que ha estado siempre ante nuestros ojos, hasta que alguien se percató de ello, por eso las maravillas del arte y de la tecnología tienen a veces, esa dualidad de no saber si se crean o se descubren.

Quizás sea el gran aprendizaje de esta situación.

Hoy, cuando al mismo tiempo caen nobles y plebeyos, como en un cuento de pestes medievales, urge información veraz y una actitud receptiva a la creatividad. Hasta hace solo unas semanas nuestra altanera confianza en la ciencia y la tecnología, nos sugería que ya estábamos a salvo de situaciones pandémicas como esta, pero no. La vida siempre repite la historia fáustica del Titanic: nos creemos invencibles en medio del océano y de la noche, pero hasta ahora lo único imbatible es la pregunta: ¿Quiénes somos en realidad, acaso algo más que un virus en un planeta de una galaxia perdida que parasita sin escrúpulos para sobrevivir? Sí, pero también un poco más que eso (Al menos yo lo espero).

Mientras nos respondemos esa pregunta, escuchemos una de las piezas maestras en la historia de las artes, la Oda a la Alegría, un texto del poeta F. Schiller, musicalizado por su amigo L. V. Beethoven, interpretado por múltiples músicos en medio de la cuarentena.

Comments


bottom of page